Tres preguntas que hacerle a un proveedor de tecnología antes de firmar
Casi todo lo que sale caro en tecnología se decidió en una reunión donde nadie preguntó lo incómodo. Estas tres preguntas se hacen en cinco minutos y ahorran años.

Una propuesta de tecnología casi nunca se rechaza por lo que dice. Se acepta por lo que no dice, y el precio de eso aparece dos años después: cuando quieres cambiar de proveedor y resulta que el dominio está a su nombre, cuando pides una copia de tus datos y tardan tres semanas en dártela, o cuando llega una renovación con una subida que nadie aprobó.
Hay muchas preguntas que se le pueden hacer a un proveedor, pero casi todas caben en tres. Ninguna es técnica: se hacen sin saber de tecnología, y hay que hacerlas antes de firmar, porque después ya no son preguntas, son negociaciones.
1. ¿Qué es mío, y qué me llevo si un día nos separamos?
El dominio, las cuentas en la nube, las licencias, los contratos con los operadores. Es la pregunta más aburrida de las tres y la que más dinero salva.
Un proveedor puede registrar tu dominio a su nombre y tus licencias en su cuenta “para simplificarte la gestión”, y la intención hasta puede ser buena. El problema llega el día que quieres irte: lo que creías tuyo no lo es, y recuperarlo pasa por pedírselo por favor a alguien que acaba de perder un cliente.
La respuesta correcta es una lista concreta: qué queda a tu nombre, qué documentación te entregan al terminar y en qué formato te devuelven tus datos. Esto no es desconfianza, es higiene. Quien trabaja bien contesta sin ponerse a la defensiva, porque sabe que retiene por el trabajo, no porque irse sea imposible.
Mala señal: “No te preocupes por eso, nosotros lo gestionamos todo”.
2. ¿Qué no incluye este precio, y cuándo vuelve a subir?
Todas las propuestas dicen lo que incluyen. Muy pocas dicen lo que no, y ahí vive la factura sorpresa: las horas fuera de horario, los desplazamientos, el soporte de lo que instaló otro, las ampliaciones cuando crezcas.
La segunda mitad de la pregunta es igual de importante. Muchos contratos se renuevan solos por otro año si no avisas con treinta o sesenta días de antelación, y la subida se aplica sin que nadie la apruebe. El día que firmes, anota en el calendario la fecha límite para avisar — no la de renovación, que llega tarde.
Pídelo todo por escrito y dentro de la propuesta, no en un correo suelto. Si algo se factura aparte, quieres saber a qué tarifa antes de necesitarlo con urgencia.
Mala señal: “Eso lo vemos cuando pase”.
3. ¿Por qué esta solución y no otra?
Aquí se ve en diez segundos si tienes delante a un asesor o a un vendedor. Alguien que asesora te dice qué más hay en el mercado, qué hace mejor cada opción y por qué te propone esta a ti, con tu tamaño y tu presupuesto. Y te dice también qué desventajas tiene la que recomienda, porque todas tienen alguna.
Un vendedor solo conoce lo que vende. No es mala fe: es que su catálogo es su mundo, y todo problema se parece a la solución que él tiene en el almacén.
Ligada a esta hay media pregunta más, que cabe en la misma conversación: quién va a hacer el trabajo. Quien vende casi nunca es quien ejecuta, y eso es normal; lo que no es normal es que nadie te diga quién va a aparecer ni a quién llamas cuando esa persona no está.
Mala señal: que la única alternativa mencionada sea “no hacer nada”.
Cómo usar esto
No hace falta convertir la reunión en un interrogatorio. Las tres se hacen en cinco minutos y valen para cualquier compra de tecnología, desde un sistema de gestión hasta las cámaras.
Lo que las hace útiles no es la respuesta en sí, sino cómo se responde. Un buen proveedor las agradece, porque le distinguen del que solo trae un precio. El que se incomoda te está dando la información más valiosa de la reunión.
Y si al leerlas has pensado que no sabrías juzgar las respuestas, ese es exactamente el trabajo de la dirección de TI: sentarse de tu lado de la mesa. Si además no tienes claro qué hay contratado hoy en tu empresa, se empieza por saber qué tienes.